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Algo que vi en Suecia

4 noviembre 2014

Sin duda el hecho de ingresar en una residencia para mayores supone un cambio radical en las circunstancias de vida de la persona mayor. Por muy buena que sea la residencia y por mucho que intente “centrarse en la persona” hay aspectos del día a día que cambian y uno de ellos suele ser la alimentación.

Por eso cuando se hacen encuestas de satisfacción en residencias “la comida” suele ser uno de los puntos en los que siempre surgen posibilidades de mejora.

Por un lado hay muchas personas, mayores y no tan mayores, que saben que por cuestiones de salud tienen que seguir unas pautas de alimentación que, en muchas ocasiones chocan con sus gustos por lo que, por muy bien preparados y presentados que estén los alimentos habrá resistencia a aceptar que son buenos. Por otro lado, hay bastantes señoras mayores que vivían solas antes de ingresar en la residencia y para las que su alimentación formaba una parte importante de las actividades diarias. Muchas de estas señoras iban a comprar cada día pequeñas cantidades de alimentos que cocinaban exactamente como a ellas les gustaba. ¿Es posible que puedan estar totalmente satisfechas con algo que no se han cocinado ellas mismas?

Cada vez hay más residencias que se esfuerzan por hacer del momento de las comidas una experiencia lo más positiva posible. Captando la opinión de los residentes sobre lo que más les gusta, ajustando los menús a la estación y a las festividades y organizando actividades relacionadas con la comida en las que los residentes llegan a colaborar en una parte de la preparación.

Durante el pasado verano, en Inforesidencias.com, el portal de la atención a personas mayores, organizamos un viaje a Estocolmo para ver cómo funcionaban allí las residencias, y pudimos ver algo que nos llamó poderosamente la atención.

La residencia “La Casa” situada en los bajos de un edificio de vivienda social, está pensada para residentes mayores que vivan en la ciudad y tengan como lengua común el español. Los promotores de la idea han contratado a cuidadores, limpiadores, enfermeras y, hasta un cocinero de habla hispana. De hecho allí todos hablaban español salvo la directora (curioso ¿no?).

Los residentes estaban muy contentos. Hablé con una señora gallega, otra santanderina, alguna chilena y una peruana y, cuando lo hice con el cocinero descubrí a a un vasco instalado en Suecia que estaba contentísimo de trabajar en la residencia y que nos enseñó los menús que preparaba.
Nosotros nos preguntamos qué se supone que es una “comida para personas que hablan español” y la respuesta fue un derroche de “cocina de fusión” latino americana. Ese día por ejemplo, entre los cuatro platos entre los que podían elegir los residentes había arroz con frijoles con acompañamiento de chistorra y tamales. A mí lo de la chistorra me gusta pero los tamales sólo los he comido en alguna ocasión cuando he ido a México y me parece algo exótico.

Cuando hablé con los residentes y les pregunté por la comida me dijeron que estaban encantados. Como muchos llevan largos años por tierras escandinavas lo que agradecen es una mezcla entre lo que recuerdan del lejano tiempo en su país de origen y aquello a lo que se han acostumbrado en Suecia.

Sorprendentemente se mostraban abiertos y muy receptivos a las comidas de otros países latinos por lo que, para ellos, la experiencia de vivir en “La casa” era como vivir en “su casa”.
Es el octavo viaje que organizamos a diferentes países europeos (Holanda, Suecia, Francia, Alemania, Austria y Suiza) y siempre descubrimos alguna residencia que hace algo que, en parte nos puede servir de inspiración para mejorar.


Josep de Martí 
Director de Inforesidencias.com

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